viernes, 8 de julio de 2011

CASA TOMADA: OTRO FINAL * por Amaya Macarena


Estábamos en la pieza, cuando de repente sentimos un ruido enorme en el comedor, un ruido en seco, como si se cayera una olla, de pronto se apagaron todas las luces de la casa, Irene y yo nos abrazamos fuertemente y prendimos unas velas. A mí se me ocurrió ir a ver los disyuntores que estaban afuera de la casa. Irene era muy miedosa y no quería ir conmigo, pero tampoco quería quedarse adentro. De pronto quisieron abrir la puerta del dormitorio, gracias a Dios, con la humedad se hinchó y costaba que se abriera. Entonces a Irene se le ocurrió tirar por la ventana unas sábanas para escapar, estábamos en eso cuando de la nada el viento abrió la puerta y los vimos, eran dos niños, todos vestidos de blanco, nos miraban fijamente, señalaban el cajón de alcanfor ( donde Irene guardaba las pañoletas), en ese instante nos habíamos quedados petrificados, los dos nenes se acercaron y nos querían hablar, pero cuando nos dimos cuenta tenían la boca cosida, a Irene se le llenaron los ojos de lágrimas, no se cómo no podía estar asustada, yo casi me muero del infarto al verlos, seguían señalando el baúl, se acercaron lentamente y lo abrieron.
Entre todas las pañoletas de Irene había unas fotos, donde estaban mis bisabuelos y los nenes. De la nada sus dedos llenos de sangre comenzaron a escribir.
Irene les hablaba y ellos le contestaron en la pared. Yo no entendía nada, de un momento al otro se me heló la sangre y me desmayé.
Cuando al fin desperté, Irene no estaba. La busqué por todas partes y no hubo caso, no aparecía, miré hacia la pared y lo que habían escrito los niños ya no estaba, supuse que ella se escondió porque era muy asustadiza. El tejido estaba intacto, no lo había tocado, la empecé a llamar a ver si la encontraba, pero todo fue en vano. Me puse a limpiar todo el desastre que había y pensaba que todo había sido un sueño, que Irene había ido al pueblo a comprar o algo así.
Estaba limpiando el inmenso patio, cuando miré para arriba y la vi, era ella, estaba muerta, no tenía piel, salí corriendo y gritando. Me caí sobre algo lleno de bichos y de insectos, me levanté rápidamente y vi el patio trasero, convertido en un cementerio.
No sé cuanto tiempo estuve desmayado, ni que pasó, pero lo que si se, es que desde ese día no volví a ser el mismo. Ahora estoy encerrado entre cuatro paredes sin poder ver la luz y sigo siendo atormentado por los fantasmas y por ella.
Después de escribir esto, me voy con ellos, para que no me molesten más y poder verla a ella tejer otra vez más.

*Adaptación sobre el final del cuento fantástico "Casa Tomada" de Julio Cortázar

Amaya Macarena 4º4º

1 comentario:

guille reus dijo...

Exelente me gusto mucho y me sirvió gracias